Razones y Medidas por el Medio Ambiente

 

“El viento, el sol y la inteligencia humana, 

son las tres grandes energías del porvenir”

— Paul Valéry.

El 26 de enero se celebra el Día Mundial de la Educación Ambiental, establecido por las Naciones Unidas para promover la conciencia sobre la importancia de la educación para la protección del medio ambiente y el desarrollo sostenible. Esta fecha surgió tras la Conferencia de Estocolmo en 1972 y la Carta de Belgrado en 1975.

La cita inicial es visionaria y resuena con urgencia hoy, ya que aún dependemos de combustibles fósiles, lo cual nos revela la prevalencia de intereses geopolíticos, que abonan a la contaminación y el cobro de una factura climática para futuras generaciones.

Las energías renovables son el único destino sensato, dado que el sol, el viento, el agua, la geotermia y la biomasa sostenible, son capital natural que se renueva y purifica, además de agotarse ni envenenar.

RAZONES.

Para cualquier país, sea cual sea su nombre y su geografía, la transición hacia estas energías limpias es un imperativo ético, económico y estratégico. Basados en ello, adjuntamos para mejor comprensión, estas cinco razones irrefutables:

I. Independencia energética. Seguir importando hidrocarburos, es como alquilar el aire que respiramos. Cada barril o metro cúbico comprado es soberanía cedida, recursos nacionales drenados para alimentar economías ajenas. Las renovables son patrimonio doméstico; el sol y el viento no presentan facturas ni se pliegan a embargos, ni a dependencia ajena.

II. Competitividad económica. El mundo avanza hacia una descarbonización inexorable. Quienes se aferren a tecnologías sucias quedarán relegados, enfrentando aranceles verdes y el desdén de los mercados. La industria local, alimentada por energía barata y estable a largo plazo, ganaría una ventaja comparativa monumental. ¿O preferimos seguir comprando paneles solares hechos en el extranjero con los dólares de nuestro petróleo? La ironía sería cómica, sino fuera tan triste.

II. Salud pública. Es un cálculo macabro: ahorramos en la factura de la gasolina, pero pagamos con pulmones enfermos, niños con asma y sistemas de salud colapsados. La contaminación de termoeléctricas y vehículos, es un impuesto regresivo que cobramos a los más vulnerables. Energías limpias significan aire limpio, y no es poesía verde, es epidemiología básica.

IV. Justicia intergeneracional. Hipotecar el clima estable que heredamos, por unas décadas más de comodidad derrochadora, es la definición misma de miopía histórica. Nuestros nietos nos juzgarán no por lo que dijimos en Cumbres, Congresos o Convenciones, sino por lo que construimos—o no—en nuestros techos, campos y costas.

V. Resiliencia y descentralización. Los megaproyectos centralizados son frágiles. Huracanes, fallos técnicos o decisiones burocráticas pueden causar apagones masivos. Las redes inteligentes con generación distribuida, como techos solares y parques eólicos pequeños, son más resilientes.  Reducen los apagones nacionales y fomentan la autosuficiencia energética comunitaria.  Aunque lógico, este enfoque se percibe como menos común, escaso y caro que los combustibles fósiles, cuando puede ser todo lo contrario y hasta una política nacional.

MEDIDAS.

La identificación de los factores arriba enlistados constituye el primer paso, seguido de la implementación inmediata de acciones concretas. Para ello, se requiere la adopción sin dilación de cinco medidas decisivas:

1) Crear una hoja de ruta legislativa clara con objetivos de descarbonización vinculantes, y una reforma integral del mercado eléctrico que incentive la generación limpia y distribuida.  Evitar ambigüedades y “transiciones prolongadas” que beneficien a intereses creados.

2) Simplificar los trámites para proyectos de autogeneración y comunidades energéticas.  Si instalar un panel solar es más complicado que construir un centro comercial, el Estado está diciendo: “No queremos esto”.  Hay que cambiar este mensaje.

3) Lanzar un programa masivo de capacitación en tecnologías verdes. La transición energética es la mayor oportunidad de empleo calificado del siglo XXI. Debemos formar electricistas, técnicos e ingenieros para el futuro.

4) Implementar incentivos fiscales robustos, para electrificar flotas de transporte público y privado, y para la reconversión industrial. Debe ser más barato y fácil adoptar prácticas sostenibles que mantener las actuales.

5) Divulgar una campaña de información pública transparente, para combatir la desinformación. Los aerogeneradores y la energía solar no son amenazas significativas para las aves, ni exclusivas de los ricos. La desinformación es el último subsidio encubierto a los combustibles fósiles.

La transición energética no se configura como una cuestión de convicción ecologista, sino como un imperativo de inteligencia nacional, y su postergación, motivada por inercia, comodidad o la influencia de intereses creados, representa una grave imprudencia estratégica.

El tiempo, en este contexto, se erige como un recurso escaso e irrecuperable, por lo que reiteramos que el futuro no se aguarda pasivamente, sino que se construye con determinación, mediante la implementación de tecnologías limpias y la aplicación de la inteligencia humana, en concordancia con la visión de que postuló Valéry.

Corolario:

“Energía limpia, o ningún futuro”

  • Fotografía en portada tomada de la biblioteca personal del ICC Tito G. Fenech Cardoza.