«Vae victis».

(¡Ay de los vencidos!)

— Breno, caudillo galo (según Tito Livio, Roma, 390 a. C.)

Ante la próxima elección de representantes, recordemos que no hay nada nuevo bajo el Sol, pues hace casi 2,400 años, los romanos protestaron por pesas arregladas para medir el oro del rescate, y en ese entoces Breno, el líder galo triunfador, arrojó su espada sobre la balanza, imponiendo su voluntad por la fuerza.

Esta metáfora ilustra cómo el poder bruto a menudo supera la justicia y la razón, ya que más allá de haber perfeccionado las balanzas, la naturaleza humana y el abuso de poder siguen igual, por eso referimos que, desde tiempos ancestrales, la justicia pierde valor cuando alguien con poder usa la fuerza para imponer su voluntad.

A partir de esta base, analicemos los eventos recientes y determinemos si estamos de acuerdo en continuar aceptando o permitiendo que los actores dominantes actuales, en particular los que pretenden emular a individuos como Breno, impongan sus directrices mediante el uso de la fuerza y eviten el diálogo mediante el empleo de eufemismos.

ANATOMÍA DE UN REGLAMENTO A MODO.

Las reglas del vencedor rara vez están escritas; se reconocen por sus efectos, de esa manera podemos distinguirlas, y con fina ironía establecer que:

1. Quien gana, define qué significa ganar.

2. Quien gana, escribe la historia y, con frecuencia, también las notas al pie.

3. Las reglas aplican plenamente al perdedor, y al ganador sólo “en lo conducente”.

4. El vencedor nunca cambia las reglas, solo las “actualiza”.

Ahora podemos distinguir diversos escenarios o ámbitos en los que se implementan sus reglamentos para ejercer la fuerza bruta del poder, entre ellos:

  • Político, la mayoría ejerce su poder con notable naturalidad, redistribuyendo comisiones, presupuestos e incluso el calendario, y denominando “voluntad popular” a lo que anteriormente la oposición calificaba como “mayoriteo”.
  • Económico, el principal comprador establece el precio, los términos de pago a 120 días y las penalizaciones por retrasos en la entrega. En el ámbito deportivo, el campeón no solo obtiene la victoria en el partido, sino que también se beneficia de la benevolencia del arbitraje en los encuentros posteriores.
  • Académico, quien obtiene la plaza redacta la convocatoria para la siguiente.
  • Cámaras y Colegios, quien alcanza el puesto de autoridad descubre que los estatutos poseen una flexibilidad sorprendente, particularmente en lo que respecta a su permanencia.
  • La infraestructura, territorio que se debe considerar técnico y neutral, un sencillo cambio de especificación puede redactarse con tal precisión, que únicamente un solo proveedor en el mundo la cumple, coincidentemente, el conocido (secuaz) de quien colaboró en su redacción.

El triunfador actualiza las reglas, transformando ventajas circunstanciales en normas permanentes, ya que mientras la victoria es efímera, el reglamento puede durar hasta que canse.

Por eso el triunfador astuto institucionaliza el éxito, mientras que el perdedor ingenuo, comete dos errores: indignación pública y esperar que el árbitro —impuesto por el ganador, lo recuerde y actúe justamente.

MANUAL PARA VENCIDOS CON INGENIO

Superar las reglas del vencedor no exige épica; exige método, ante ello propongo un decálogo, reducido a siete puntos por austeridad republicana.

I. Leer la letra chica antes de que el vencedor se la aprenda. Buena parte de las derrotas reglamentarias ocurre por no haber leído el artículo transitorio. Todo reglamento tiene costuras, y por las costuras también se respira.

II. No pelear con la balanza: cambiar de báscula. Si un mercado tiene dueño, hay otros que nadie atiende. El ingenio del vencido consiste en jugar donde el vencedor no ha llegado porque le pareció pequeño.

III. Practicar el aikido institucional: aprovechar la fuerza del otro. Si el poderoso exige contenido regional, ofrézcale usted el contenido. Que su exigencia se convierta en su pedido.

IV. Coaligarse. Los vencidos dispersos son anécdota; organizados, son contrapeso. Pocas reglas resisten mucho tiempo a una mayoría de perdedores bien documentados.

V. Cumplir de manera ejemplar e incómoda. Nada desarma tanto a quien dicta reglas como alguien que las cumple todas, con acuse de recibo, copia certificada y fotografía. Tengamos presente que la obediencia escrupulosa es, a veces, la forma más elegante de protesta.

VI. No confundir adaptarse con rendirse. El junco se dobla ante el viento; no se afilia a su club.

VII. No convertirse, al ganar, en lo que se combatió. Todo vencido que triunfa encuentra, junto al trofeo, la centellante espada de Breno esperándolo.

La lección es realista, no filosófica.  El 1 de julio, en la revisión sexenal del T-MEC, Estados Unidos decidió no extenderlo hasta 2042. El acuerdo sigue vigente, pero se revisará anualmente hasta 2036.

En otras palabras, el vencedor no rompió la mesa, sino que la convirtió en examen permanente. México deberá presentar la misma materia cada año.

Ante ello, el lamento sirve de poco y la ira de menos. Corresponde aplicar el manual: conocer el texto mejor que quien lo invoca; diversificar mercados sin descuidar el principal; ofrecer integración donde se exige origen; articular gobierno, cámaras, academia y regiones —el sureste incluido— en una sola voz técnica; y cumplir con tal precisión que el examinador se quede sin pretextos.

La espada sobre la balanza es real, como también lo es, que ninguna balanza funciona sin alguien del otro lado.

COROLARIO.

“Ellos escriben las reglas; nosotros, la jugada.”

  • Fotografía en portada generada por AI.