Crónica de los eternos III

Manual de desalojo

“Para que triunfe el mal,

basta con que los buenos no hagan nada”

— Atribuida a Edmund Burke

Hemos llegado al capítulo que ningún eterno deseaba ver publicado.  Hemos adquirido conocimiento sobre el origen de la especie y hemos desarrollado la capacidad de identificarla mediante la presencia de moho en el sillón.  Ahora, nos enfocaremos en un aspecto crucial: la recuperación del hogar.

Advertencia: Este manual no contiene lenguaje ofensivo, interrupciones abruptas ni acciones ilegales, ya que los seres eternos, prosperan en ambientes de escándalo, mientras que los procedimientos bien estructurados representan su debilidad, por lo tanto, este manual sirve como su antídoto, y en él nos centraremos.

EL BOTIQUÍN Y LOS ANTÍDOTOS DEL AGREMIADO.

Manual de primeros auxilios para organizaciones que aún creen en la democracia.

En todo hogar, oficina o institución hay un botiquín y en toda organización democrática, debería haber otro: el botiquín del agremiado.

Este equipo no contiene gasas, aspirinas ni curitas, sino estatutos, reglamentos, urnas, padrones, actas, auditorías y una buena dosis de vergüenza institucional, porque los golpes más peligrosos, no siempre vienen de fuera: a veces los propina el compañero que lleva veinte años en el mismo cargo, y ya hasta confunde la silla de la presidencia con su columna vertebral.

A continuación, se presentan los cinco pilares fundamentales que constituyen la estructura que debe sostener una organización democrática, la cual debe priorizar sus estatutos y reglamentos, y respetar plenamente a todos los socios, independientemente de su condición, con todos sus derechos y obligaciones.

Estos pilares funcionan de manera análoga a los medicamentos esenciales que debe contener un botiquín de primeros auxilios en cada hogar, oficina o institución, para brindar asistencia en situaciones de emergencia.

Por lo tanto, consideremos estos pilares con la misma importancia, aunque siendo honestos, en muchas organizaciones el botiquín existe, pero está cerrado con llave, y la llave la tiene el dirigente eterno, que además se autonombra médico, paciente, enfermero, farmacéutico y dueño del edificio.

Veamos pues, los cinco pilares-medicamentos, con su prospecto irónico y todo:

 1. Estatutos y reglamentos.

Manual de instrucciones.

No son adornos de pared ni reliquias empolvadas para citar solo cuando conviene. Son el manifiesto que debe leerse antes de usar el poder.

—Efectos secundarios: limitar apetitos de eternidad.

—Contraindicados para caudillos que confunden “presidente” con “propietario”.

—Dosis: Al menos una lectura pública antes de cada decisión, y otra después, por si las moscas.

2. Democracia interna.

Antídoto contra el pensamiento único.

—Via de administración: En asambleas, no en cenáculos de amigos.

—Fórmula activa: el voto libre, informado y secreto.

—Efectos secundarios: Puede producir urticaria en quienes creen que “democracia” es que todos aplaudan lo que ellos proponen.

Precauciones: No sirve si se aplica con guantes de seda sobre urnas ya cocinadas.

3. Respeto pleno a los socios.

Vitamina de la dignidad.

—Todos los socios tienen derechos y obligaciones, no solo los que están en la lista de confianza del jefe.

—No hay socios de primera y de segunda;

—No hay socios vitalicios con fuero,

—No hay novatos con mordaza.

—Los títeres no son socios: son marionetas con credencial.

Y si alguien dice “yo hablo por el ausente”, conviene revisar los hilos, no vaya a ser que el ausente sea el que mueve la mano.

4. Alternancia y límites de mandato.

El elixir más temido: La democracia.

—Los cargos no son herencias, feudos ni concesiones vitalicias.

—Dosis recomendada: una salida digna a tiempo.

—Sobredosis: democracia.

Este es el antídoto específico contra el síndrome del dirigente eterno, ese mismo que descubre su vocación de servicio, justo cuando se acerca la hora de irse.

El que no quiere soltar el cargo puede comprarse un sillón propio, pero no llevarse el comité, ni la organización.

5. Rendición de cuentas y control.

Desfibrilador institucional.

—Cuentas claras, auditorías, transparencia y revocación.

Tengamos siempre presente que la opacidad es el placebo favorito de los eternos; la auditoría, en cambio, les produce taquicardia y sin esto, la organización termina como bodega sin vigilancia, es decir, entra cualquiera, sale lo que sea, y nadie sabe quién tiene la llave.

La panacea de los alquimistas no estaba solo en convertir plomo en oro, sino en convertir dirigentes eternos en expresidentes agradecidos, aunque lo que si se obtuvo de estos ensayistas fue una fórmula que ya no es secreta:

Democracia= [Estatutos + Alternancia + Voto Secreto + Respeto + Cuentas Claras]

Preparación y dosis recomendada:

1. Se agita con una asamblea legítimamante convocada.

2. Se sirve fría.

3. Contraindicaciones:

a) No usar en caudillos que se creen indispensables, porque puede producirles un shock de realidad.

b) Los títeres, por su parte, mejoran notablemente con una dosis de autoestima y otra de lectura de estatutos.

Así que tengamos el botiquín a mano. No para curar al dirigente eterno —eso ya sería milagro—, sino para proteger a la organización de su milagroso apego, pero sobre todo recordemos que la mejor panacea contra los que nunca quieren irse no es un ungüento, sino una membresía despierta, que lee, que vota, que exige cuentas y que, cuando es necesario, sabe aplicar la única receta infalible: gracias por sus servicios y hasta luego.

CÓMO EVITAR QUE EL ETERNO REGRESE.

Recuperada la casa, hay que evitar que otro se instale en la sala, porque los eternos no entran por la puerta principal: se cuelan por la ventana, dicen que solo venían a ayudar, y cuando uno menos lo piensa ya cambiaron la cerradura, pusieron su retrato sobre la chimenea y bautizaron el sillón con su nombre. Así que no basta con ganar una asamblea; hay que blindar la casa para que el próximo caudillo no la confunda con su finca particular.

Para ello conviene reformar el estatuto y los reglamentos con candados que no dependan de la buena voluntad de nadie, porque la buena voluntad, en política interna, es como el agua bendita: sirve para la foto, pero no detiene al vampiro, así que debemos considerar:

  • Un solo periodo sin reelección inmediata. La reelección indefinida es como el refresco: al principio sabe bien, pero después empalaga, mancha y pudre el organismo. Que el dirigente sepa que su paso es temporal, no una concesión vitalicia disfrazada de servicio.
  • Prohibición de que los parientes hereden el puesto como si fuera la tienda de la esquina. Los cargos no se heredan ni con testamento, ni con foto familiar, ni con el argumento de que “el niño ya trae la camiseta puesta”. Esto no es una dinastía, es una organización.
  • Incompatibilidad para quien sea funcionario, candidato o contratista del gobierno mientras dirija el organismo. Porque el que cobra del gobierno y además dirige el gremio es como el árbitro que juega en uno de los equipos: podrá ser honesto, pero nadie le cree, y con razón.

Es el equivalente al hecho de abrir ventanas, para que la democracia no muera de asfixia

  • Estados financieros auditados por un despacho externo y publicados para todos los socios. Que el dinero no sea un misterio comparable al triángulo de las Bermudas. Que el agremiado de a pie pueda ver a dónde fue su cuota, y no enterarse solo cuando ya no hay ni para el café.
  • Elecciones a cargo de un comité independiente, con voto electrónico verificable, para que el agremiado de cualquier localidad pese lo mismo que el del café de la esquina. La democracia no es un concurso de cercanía al presidente ni de rapidez para aplaudir.
  • Una comisión de honor que no dependa del presidente, porque el juez que nombra el acusado absuelve por gratitud, y a veces hasta le entrega una medalla al mérito.
  • A los expresidentes: gratitud y un lugar digno.
  • Consejo consultivo con voz, sin voto ni veto, y con fecha de caducidad. Es decir, un sillón cómodo, pero con temporizador. Que opinen, que aconsejen, que cuenten sus batallas de cuando eran jóvenes, pero que no manejen los hilos desde la penumbra. La experiencia es un tesoro, siempre que no se convierta en una hipoteca.
  • Y a los jóvenes, algo más que la foto del Día de la Juventud: comisiones con presupuesto, responsabilidades reales y el derecho a equivocarse, que es como se forman los relevos, porque los sucesores no brotan de los discursos ni de las “selfies” sino de los errores corregidos y de la confianza ganada.

El que nunca se equivoca es porque nunca hace nada; y el que nunca hace nada, a la larga, es el eterno perfecto.

TESIS.

Conviene decirlo con toda claridad: no todos los dirigentes son eternos ni todos los organismos están secuestrados. Hay presidentes que rinden cuentas claras, forman sucesores y se despiden a tiempo, a todos ellos, este manual solo les sirve para confirmar lo que ya practican, sino para sonreír con un poco de lástima ante los que aún no lo entienden.

La saga deja una lección sencilla: los eternos no existen por méritos propios, sino por omisiones ajenas, ya que ninguna organización es secuestrada si sus miembros no entregan las llaves.

Revise su cámara, su colegio, su asociación. Si encuentra un sillón con la forma del ocupante, ya sabe qué hacer: abrir la ventana, leer el reglamento y convocar a asamblea, y si el ocupante se resiste, recordarle que el botiquín tiene un antídoto infalible: la alternancia.

La casa es de todos, no del que llegó primero así que, si alguien confunde la sala con su trono, no hay que discutir: hay que ventilar, ordenar y, de ser necesario, aplicar la dosis exacta de gratitud con fecha de caducidad.

COROLARIO.

“Agremiado despierto, sillón disponible.”

Fin de la saga.

Los eternos, por supuesto, dirán que nunca existió.

  • Fotografía en portada generada con IA.