Una Glosa Veraz
“La verdad no es un discurso,
es una acción”
—Platón
La rendición de cuentas es el pilar fundamental de cualquier sistema democrático y dentro de este marco, el informe anual de gobierno, se erige como el documento central donde el ejecutivo expone sus acciones, logros y desafíos, no obstante, este informe, por sí solo, puede convertirse en una narrativa unidireccional.
Aquí es donde toma acción lo que se conoce como “la glosa del informe” misma que adquiere su verdadera razón de ser, en el contexto de la administración pública.
Este procedimiento, es el ejercicio analítico, crítico y detallado que realiza un cuerpo colegiado como un congreso, asamblea o concejo, sobre el informe presentado por el titular del poder ejecutivo.
No es una mera formalidad protocolaria, sino un instrumento de fiscalización y contrapeso.
Su esencia es diseccionar las afirmaciones, contrastar los datos con la realidad ciudadana, evaluar el cumplimiento de metas y el manejo de recursos, para transformar un monólogo en un diálogo institucional, que enriquezca la gestión pública.
Su propósito último es servir como un faro que ilumine la veracidad y la eficacia de la acción gubernamental, alejándose de toda complacencia.
VERIFICACIÓN, NO ADULACIÓN.
La función primordial de una glosa es servir para abundar y aclarar datos verídicos y comprobables, lo que implica un proceso metódico que va mucho más allá de la lectura superficial, por ello una glosa robusta debe:
- Contrastar. Cotejar las cifras y porcentajes de “logros” presentados con indicadores independientes, estudios de campo, reportes de auditoría superior y percepciones ciudadanas medidas con rigor.
- Contextualizar. Un dato aislado (ej. “se construyeron 10 hospitales”) carece de valor si no se analiza su distribución geográfica, su equipamiento real, su impacto en la reducción de listas de espera o su costo comparativo.
- Evaluar la Coherencia. Verificar si las acciones reportadas se alinean con los planes de desarrollo, los presupuestos aprobados y las necesidades prioritarias diagnosticadas.
- Identificar Omisiones. Un informe puede destacar éxitos en ciertas áreas mientras silencia por completo fracasos o crisis en otras. La glosa debe señalar estos vacíos y exigir explicaciones.
Este proceso convierte la glosa en una herramienta técnica al servicio de la transparencia, ya que no se trata de negar los aciertos, sino de validarlos con objetividad y, sobre todo, de examinar las áreas de opacidad o bajo desempeño.
Su valor radica en su capacidad para separar la narrativa política de los resultados tangibles, exigiendo evidencias donde solo hay afirmaciones.
Una glosa que cumple este papel fortalece la institucionalidad, porque demuestra que los órganos de representación ciudadana están activos y vigilantes.
ANTÍTESIS DEL ESPÍRITU CRÍTICO.
Lamentablemente, este ideal de escrutinio a menudo se ve socavado por conductas políticas que pervierten el sentido de la glosa.
En lugar de un análisis riguroso, algunos líderes, por cálculo partidista, intereses, temor a represalias o simple oportunismo, transforman su intervención en un rosario de alabanzas. Estas conductas zalameras se manifiestan de varias formas:
a). Endoso Incondicional: Repitiendo y amplificando los “logros” del informe, sin someterlos al mínimo cuestionamiento, usando un lenguaje celebratorio y emotivo.
b). Desviación Partidista: Desaprovechar el espacio para fiscalizar y usarlo, en cambio, para atacar a la oposición o hacer proselitismo, validando así indirectamente todo el contenido del informe.
c). Complacencia Estratégica: Callar ante evidentes inconsistencias, a cambio de futuros beneficios políticos, o concesiones en otros ámbitos de la agenda legislativa y/o el presupuesto.
Estas actitudes convierten la glosa en una farsa, en un ritual vacío que no solo deshonra la función del representante, sino que traiciona la confianza ciudadana.
Todas ellas minan los cimientos del equilibrio de poderes y generan una peligrosa impunidad narrativa, donde el gobierno puede autoproclamarse exitoso, sin el más mínimo temor a un contraste firme.
La lisonjera sustitución del análisis por el elogio, no es un error de forma, es una falta sustantiva a la Ética Pública y al deber de representación.
RECOMENDACIÓN VINCULANTE.
Para rescatar la glosa de este desprestigio, se propone institucionalizar un Protocolo de Glosa Técnica y en el se debería incluir: I) La obligación de que comisiones especializadas (economía, salud, educación, etc.) emitan dictámenes previos basados en indicadores oficiales y auditorías; II) La participación obligatoria de órganos técnicos autónomos en las sesiones de glosa; III) Asignación de tiempos de intervención enfocados exclusivamente en el análisis por política pública, no en discursos políticos generales; y IV) La emisión de un documento final de conclusiones y observaciones vinculantes, con plazos para que el ejecutivo responda punto por punto.
La glosa debe culminar no en un aplauso, sino en un plan de acciones correctivas.
Corolario:
“Sin crítica, no hay democracia”
- Fotografía en portada por Brian Huynh a través de Unsplash.