Bienestar de ficción

“La realidad es aquello,

que cuando dejas de creer en ello,

no desaparece”

—Philip K. Dick

Resulta conmovedor, por no decir francamente hilarante, que se nos convoque a la introspección y a la meditación hoy llamada pomposamente “mindfulness”, mientras el decorado exterior se asemeja a una película de acción, dirigida por un misántropo aficionado a los finales abiertos—preferiblemente catastróficos.

Desde ciertas tribunas oficiales se nos habla de paz, seguridad y crecimiento como si fueran estados alcanzables con un simple parpadeo, ignorando el detalle incómodo de que, al abrirlos, la inversión privada ya ha tomado el primer vuelo hacia climas menos “creativos” en materia de riesgo e imposiciones, así que adjuntamos cinco dardos con destino al mítico Edén tantas veces invocado.

I. JUEGOS DE AZAR.

En este festival de la improvisación, la certeza jurídica se ha vuelto un concepto de realismo mágico. Invertir en el país hoy requiere más fe que capital, pues la separación de poderes es casi invisible. Los órganos de vigilancia, control y transparencia, antes réferis del juego ahora forman parte del equipo local con una hospitalidad que raya en el secuestro emocional.

La autonomía de estos organismos se ha disuelto en el ácido de la “austeridad”, dejando a los inversionistas en un estado de estupefacción, al descubrir que el casino no solo es dueño de la casa, sino también del aire que se respira.

La transparencia, antes una ventana limpia, hoy es un espejo que refleja la voluntad del podio. Firmar un contrato a largo plazo, se siente como proponer matrimonio en medio de un terremoto: romántico, pero de pronóstico reservado.

II. FENÓMENO PARANORMAL.

El crecimiento económico se ha vuelto como un avistamiento OVNI: todos creen que existe, pero no hay pruebas claras, solo afirmaciones dogmáticas. Se anuncia un despegue financiero con la misma solemnidad que un chamán predice la lluvia, mientras la economía real se pudre en una sala de espera sin ventilación.

Esta es sin duda una paradoja exquisita, la misma que habitamos a través de una realidad paralela, donde el PIB florece en los discursos, pero se marchita en la cartera del ciudadano, y en este “crecimiento místico”, la fuga de capitales no es una pérdida, sino una “pausa estratégica para la reflexión profunda”.

El resultado de lo que produce intentar cuadrar las cuentas bajo este modelo, es alquimia pura: esperando que transmutemos el plomo de la inflación, en el oro de la felicidad por decreto.

III. SALUD Y SEGURIDAD.

La ironía alcanza su zénit cuando hablamos de seguridad social. Se nos pide soltar el estrés y respirar hondo, mientras el sistema de salud nos instruye, con una paciencia casi zen, que una cita con el especialista es un evento místico que puede materializarse en esta vida o, con suerte, en la próxima reencarnación.

La “seguridad” hoy no solo es que no te asalten en la esquina, sino que el hospital no te reciba con un “vuelva usted mañana” o con la sugerencia de que traiga sus propias gasas.

Sobrevivir al “Bienestar” implica aceptar que nuestra integridad física, depende de una infraestructura que se desmorona con la misma elegancia con la que se desploman los indicadores económicos, por lo que intentar “anclarse en el presente”, es un deporte de alto riesgo, pues es evidente que dicho presente, incluye una farmacia pública con más anaqueles vacíos que una tienda soviética en los años ochenta.

IV. DESPERTAR.

Ante esta farsa de cartón, la pasividad deja de ser una opción de etiqueta, no basta solamente con esbozar una sonrisa irónica, mientras el barco hace agua y los jueces leen el guion que les mandan por “WhatsApp”.

Es imperativo un llamado a la acción, pero no uno de gritos estridentes, sino de inteligencia operativa, es hora de que las organizaciones intermedias de la sociedad civil, las asociaciones civiles y colegiadas, dejen de ser espectadores adulones de este teatro del absurdo.

Reponer esta narrativa agotada por una propuesta que sea sustentable, pertinente y real, no es un capricho, es un acto de higiene básica; necesitamos rescatar la autonomía de las instituciones, antes de que la “transparencia” se convierta en un mito de la antigüedad.  Y, por último,

V. FORTIFICACIÓN.

Nuestra paz mental, salud y capacidad de exigir cuentas, son los últimos bastiones que no pueden expropiar.  Son el lienzo para trazar nuestra propia ruta de supervivencia, dónde la dignidad no dependa de la buena voluntad de un funcionario que confunde poder, con gestión del caos para mantenerse.

Para sobrevivir, debemos enfocarnos y actuar con calma e inteligencia.  La organización ciudadana libre, es la única forma de contrarrestar la ficción oficial, ya que en esta era de inseguridad y crecimiento fantasmagórico, se constituye en la plataforma de lanzamiento más sólida para reencausar el rumbo.

“La verdadera soberanía, comienza cuando la sociedad civil decide que ya no se dejará seducir por la zalamería del podio”—Alfonso A. González Fernández

Debemos custodiar la verdad como el último litro de gasolina en una carretera desierta, porque si nos roban la percepción de la realidad y el imperio de la ley, habremos concedido la victoria a quienes creen que el país es un guion corregible con adjetivos y “otros datos”.

Corolario:

“La acción ciudadana, construye el destino”

  • Fotografía en portada de Afif Ramdhasuma a través de Unsplash.