La palabra “colegio” proviene del latín collegium, que significa “comunidad” o “corporación”. Originalmente, este término se usaba para designar a una comunidad de personas que trabajaban juntas en una actividad común, como los antiguos colegios de clérigos o los cuerpos de académicos.

Por ello nuestro Colegio, no es una escuelita, es una corporación de personas de una misma profesión, en este caso, Ingenieros Civiles, que colléga o colegia a los Ingenieros Civiles en Baja California Sur, y cuando se llevan a cabo decisiones realizadas en conjunto por sus miembros podemos decir que se ha tomado una decisión colegiada.

Nuestro Colegio, a lo largo de su historia, ha contado con notables expresidentes y colaboradores, que no solo han entendido este significado, sino además, durante décadas han dedicado su tiempo, esfuerzo y pasión al cultivo de los principios colegiados.

Sin duda alguna, un gran ejemplo de esta causa es el Ing. Enrique Bonillas Fimbres.

Al el no solo le debemos la edición del estatuto del año 2,000, el reglamento de elecciones, el reglamento de uso del edificio y los proyectos de reglamento de asambleas y reglamento del Consejo Consultivo, documentos que han regido la vida interna de nuestro colegio, también fue gracias a el la creación de la primer Sección de nuestro Colegio, la Sección de Los Cabos, la cuál es quien nos convoca a este reconocimiento póstumo el día de hoy.

Y con conocimiento de causa, es que expongo mi testimonio hoy, para manifestar ese trabajo sobre los principios colegiados.

Fue un defensor de la profesión en su máxima expresión, combatió el intrusismo, en más de una ocasión señaló a autoridades que usurpaban no solo el título de ingeniero, sino cargos públicos fuera de su competencia laboral; abogó por el cobro de honorarios justos, acordes a los estudios y experiencia de los ingenieros.

Dentro de nuestro gremio fue pionero a nivel nacional en el tema de certificación profesional, su trabajo fue clave en la instalación del primer Consejo de Certificación de nuestro colegio y ejemplo ante los demás colegios de FECIC. Entendió la certificación profesional como medio para fomentar la capacitación continua, la profesionalización de los ingenieros, y la movilidad profesional en nuestro país.

Fue el incómodo defensor de la ética profesional, y digo incómodo porque más de uno se retorcía ante los señalamientos fundados, sobre el ejercicio de la Ingeniería Civil en nuestro Estado. Fomentó el ejercicio ético y promovió el cumplimiento de un Código Ético y Deontológico, por ahí empolvado en algún folder en nuestras oficinas.

Y supo comprender, y enseñar, que la ética, entendida como honestidad moral e intelectual, es parte indivisible del ejercicio profesional y que su ausencia contribuye a la pobreza de una profesión, y en el caso de la Ingeniería Civil, llegando incluso a los extremos, de poner en riesgo la vida humana.

Pudo entender que, para la consecución de metas concretas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la Ingeniería Civil es una herramienta fundamental, es una profesión de servicio público abierta a la colaboración multidisciplinaria, y volcó su pasión por la hidráulica e hidrología en la búsqueda de comunidades más seguras y con acceso a una mayor disponibilidad de agua.

¿Cuántos ingenieros podemos decir que hemos fomentado estos principios colegiados?

El mejor homenaje que puede recibir nuestro colega Enrique Bonillas Fimbres no es una placa, no son aplausos; el mejor homenaje que podemos darle es hacer de su trayectoria gremial un legado, proteger y cultivar estos principios por el cual trabajó durante su vida gremial y hoy más que nunca reforzarlos y ponerlos en práctica.

Hoy tenemos obras públicas que se caen a pedazos, carreteras destrozadas, intrusismo en los cargos públicos, modificaciones a la ley de desarrollo urbano violatorias a la constitución, tenemos en puerta la modificación del organigrama municipal en el área de nuestra competencia y no hemos sido consultados, vivimos un claro desvanecimiento de nuestro gremio organizado como órgano de consulta.

Hoy, en memoria del Ing. Enrique Bonillas Fimbres, exhorto a los colegiados a tomar su legado, a hacer nuestros los principios sobre los que tanto trabajó; a incomodar a aquellos que repudian a un gremio unido y fortalecido, vigilando que el ejercicio de la Ingeniería Civil se mantenga acotado a los márgenes deontológicos que demandan los tiempos actuales; y a participar y proponer acciones dentro de nuestra competencia con la misma pasión que lo hizo nuestro expresidente y amigo Ing. Enrique Bonillas Fimbres.