“Conviene que peleen los argumentos,
para que no tengan que pelear las personas”
Karl Popper, Filósofo, profesor y escritor austriaco
Para quienes solíamos habitar en las ciudades que se encontraban en “la provincia” como solían llamarles los que vivían en la capital del país, resulta cada vez más difícil tratar de asimilar una nueva realidad, provocada como consecuencia de un asunto tan delicado como la migración.
Sin pretender ni ser experto en esta materia, sino enfocándonos en el aspecto que lo anterior provoca en la Infraestructura y Desarrollo Urbano, es válido analizar los impactos que todos, los naturales y los migrantes, padecemos en el día a día.
Al paso del tiempo, todas las ciudades van logrando irse desarrollando por diferentes circunstancias, no obstante, lo que parece ser la principal característica en estos tiempos, es la seguridad por encima de todo.
Históricamente, el origen de la fundación de las localidades correspondió a las facilidades que las condiciones naturales garantizaban, siendo ellas comida, techo y comodidades ambientales sin mucho esfuerzo las que dieron la pauta.
Los últimos años, el empleo de la tecnología y el conocimiento ha logrado dominar algunos factores, inclusive desafiando a la misma Naturaleza, haciéndonos jugar al límite, sin embargo, los movimientos sociales no son como las matemáticas.
La organización y empeño que los habitantes de algunas ciudades han logrado para avanzar en procurarse mejores condiciones socioeconómicas, ha despertado la atracción de muchos, quienes al sentirse amenazados, se atreven a dar el salto y migrar a localidades que puedan ofrecerles lo que han perdido.
El desarrollo, es prácticamente un imán que atrae por igual a todos sin distinciones de ninguna índole y para el caso, unos y otros, estamos todos juntos, por lo que debemos aplicarnos en resolver las condiciones de Infraestructura para lograr una mejor convivencia, con las precariedades monetarias que se imponen a cualquier localidad por sus mismas tasas de crecimiento.
EFECTO CUCARACHA
Las grandes ciudades necesitan inmigrantes para mantener su estabilidad económica, lo cual es un punto positivo que puede convertirse en factor de progreso y bienestar, sin embargo, puede traer también un efecto contraproducente, el llamado “efecto cucaracha”
El término proviene a partir de la reacción instintiva por huir, que una cucaracha tiene al verse amenazada, reflejando análogamente las dinámicas de migración y desplazamiento forzado de las personas hacia otros contextos urbano-económicos ante inminentes peligros.
El fenómeno es principalmente observable en ciudades que disfrutan de mejores condiciones socioeconómicas, donde las altas expectativas de calidad de vida coexisten con la marginación y la desigualdad.
Este suceso plantea retos significativos tanto para la integración como para la cohesión social, siendo crucial entender cómo las dinámicas urbanas pueden dar lugar a la exclusión de sectores poblacionales, a pesar de vivir en áreas con abundantes o mejores recursos.
Comprender este efecto no solo ayuda a identificar los problemas actuales, sino que también allana el camino para abordar de manera efectiva la inequidad que persiste en las ciudades prósperas.
Para medir el bienestar de una población urbana, se utilizan criterios como el ingreso per cápita, el acceso a servicios públicos de calidad, las tasas de empleo y la educación.
Las condiciones socioeconómicas en las ciudades son fundamentales para entender el fenómeno del efecto cucaracha.
Estos indicadores reflejan la capacidad de un individuo o familia para prosperar y vivir con dignidad, empero, las desigualdades en el desarrollo urbano siguen siendo notorias.
Las ciudades que ofrecen mejores oportunidades tienden a concentrar recursos y servicios, lo que resulta en disparidades significativas entre los habitantes.
Las discrepancias que caracterizan a las ciudades con mejores oportunidades se manifiestan en diversos aspectos fundamentales de la vida urbana, como el acceso a vivienda digna, servicios de salud y educación, oportunidades laborales, movilidad, energía, y lastimosamente la estratificación social.
Estas desigualdades no solo afectan la calidad de vida, sino que también perpetúan la migración hacia centros urbanos, exacerbando el efecto cucaracha.
Lo anterior genera tensiones sociales y un aumento en las protestas que, aunque reflejan preocupaciones válidas, a menudo son malinterpretadas y estigmatizadas, por las mismas formas que han adoptado.
Ante ello, podemos deducir la urgente necesidad de políticas inclusivas para abordar los desafíos que puedan presentarse ante el propio efecto.
Es imperativo implementar políticas serias, prácticas y pertinentes que aborden estos desafíos de manera diligente y efectiva, fomentando un entorno de respeto mutuo en la búsqueda de soluciones que mitiguen los efectos del crecimiento y la migración, asegurando así, una convivencia más justa y equitativa en las ciudades.
Corolario.
“Políticas inclusivas, bálsamo para mitigar desigualdades”
- Fotografía en portada por Orit Matee a través de Unsplash.