Feliz inicio de año y que sea próspero y fecundo, retomamos la temática de intervención en Patrimonio edificado y hoy toca hablar de las molduras, que son los elementos ornamentales que más asombran a propios y extraños, testigos de la época e historicidad del predio, mientras mas antiguo es este, menos ornamentación suele tener, es decir, los predios de la Colonia en su primera etapa suelen ser muy austeros y simples, los más ornamentados y profusos entonces se ubican en épocas más tempranas como el Porfiriato, por ejemplo, donde el afrancesamiento y el garigoleo se manifiestan con más fuerza. Y existen otros estilos arquitectónicos como el Barroco y el Rococó, etc. Van estos estilos definiendo las épocas constructivas y permiten ir datando los edificios históricos.

Como quiera que sea, es maravilloso observar la combinación de ornamentos en muchas fachadas y la riqueza y variedad de secciones y perfiles que dibujan formas características de este tipo de construcciones. Sin más de momento entremos en materia.

A.- RECONSTRUCCIÓN DE MOLDURAS (Método tradicional) (Unidad: ml).

Descripción.

Reconstrucción de molduras de perfil y sección diversas con réplica de la moldura en lámina galvanizada calibre 22 con refuerzo de Cimbraplay de 16 milímetros, corriendo sobre tubulares fijados al muro.  Incluye la aplicación por capas del acabado fino usando pasta de cemento blanco, embonando el cuerpo de moldura si es necesario, andamiaje y limpieza del área de trabajo.

Ficha Técnica.

Cantidad:  1 ml

Procedimiento:

El maestro tarrajero deberá de limpiar perfectamente la parte más conservada de la moldura a intervenir con la ayuda de una espátula pequeña, con un filo de segueta roto y afilado en el extremo o una cuchilla de ½”. Se retira la capa o capas de pintura o recubrimiento hasta llegar al acabado original y el polvo se quita con una brocha de 3” para dejar completamente limpia la sección. Hay dos maneras de proceder para obtener el perfil de la moldura:

1.- Con una cantidad suficiente de plastilina que varía según el tamaño de la moldura en cuestión, se moldea el perfil fielmente buscando que la plastilina tenga el grosor suficiente para que al retirarla al cabo de unos minutos permanezca semirrígida y pueda transcribirse el perfil sobre un pedazo de cartulina o papel similar a fin de trabajar posteriormente en él. Para ello deberá aplastarse una cara del bloque de plastilina sobre una superficie plana a fin de tener una base de asiento del perfil y se pueda dibujar sin problemas.

2.- Usando un pliego de papel de mayor tamaño que la sección de la moldura a reproducir, que puede ser de cartulina o cartoncillo y una tijera común de mano o la tijera de hojalatero, se va recortando poco a poco el papel según el perfil adquiriendo éste la forma necesaria. Si se quiere se puede auxiliar con la ayuda de un bolígrafo o lápiz de punta fina, para ir marcando los detalles del perfil y recortar las partes más difíciles.

Cuando se ha obtenido el perfil de la moldura con todos sus detalles por cualquiera de estos dos métodos, se deberá realizar la corrección geométrica de los moldes y se procede a dibujar el perfil obtenido sobre la sección de hoja de lámina galvanizada calibre 22, que resulta ser la ideal en cuanto a su flexibilidad y resistencia al uso rudo.

Toda vez dibujado el perfil sobre la lámina se procede al corte de la misma cuidando mucho de que éste se haga justo sobre el trazo, empleando una tijera de hojalatero y luego con la ayuda de una lima “cola de rata”, lima de “media caña” o mejor aún, una piedra “Norton”, se afina el corte buscando desbastar las virutas del metal y que el filo de la lámina quede un poco romo o redondeado para que al reproducir la moldura su textura sea adecuada.

Inmediatamente se procede a trazar el mismo perfil, pero sobre la sección de hoja de cimbra play de 16 milímetros que servirá de refuerzo a la lámina, cuidando de que éste sea menor al perfil de la lámina en el rango del medio centímetro (½ cm.), para que el residuo de material al correr la tarraja sobre los tubulares, se recoja en esa “ceja” de medio centímetro. Éste corte se hace con un arco de segueta, o para mejores resultados, con un serrucho o sierra caladora mediana.

Teniendo los dos cortes, se procede al armado de la tarraja, sobreponiendo al cimbraplay la lámina galvanizada y asegurando al perímetro con la ayuda de clavos de 1” a la separación que se considere necesaria para asegurar el molde.

Luego se le coloca una cruceta de madera en la parte inferior que servirá para que el molde corra sobre el tubular guía y para que el operativo pueda sujetarlo con facilidad. En la parte superior se coloca un clavo de 2½” de forma vertical u horizontal según se requiera, para que el molde corra sobre el tubular tope, aunque también se puede colocar otra cruceta de madera para tope de la tarraja.

Siempre se reproducen las molduras después de que el revoco se ha terminado. Si el revoco es bueno y está alineado, la colocación de los tubulares guía y tope será adecuada, para tal fin se aseguran con la ayuda de clavos de 5” previa corrida de los niveles con la ayuda del nivel de manguera y trazo de las medidas de la moldura según levantamiento original, considerando que el espacio donde la moldura irá se ha dejado sin revocar y considerando también el espacio que ocupan las crucetas que le permiten correr sobre los tubulares.

Comprobados los alíneos y niveles, se procede entonces a la elaboración de las molduras comenzando siempre para fines prácticos, con la principal o más elevada y continuando con las de niveles o alturas menores, pudiendo ser estas molduras secundarias, terciarias, de capelos o de rodapié. En el caso de los enmarcamientos con perfil diverso, es decir, no planos o rectangulares, se procede de igual forma para la elaboración del molde.

El cuerpo de la moldura se hace empleando un mortero de cemento blanco: polvo de piedra en proporción 1: 3. Dicho mortero se va incorporando con la ayuda de la cuchara de albañil por capas hasta alcanzar un espesor que permita realizar el entrañado con el empleo de “cuñas”, “lajas” o pedacería de piedra de hilada para dar volumen, restar material, pero sobre todo para conferirle mayor grado de resistencia al cuerpo de la moldura; cuando el material alcance el volumen necesario para que al pasar la tarraja sobre los tubulares empiece a quedar excedente, se esperará un breve lapso de tiempo, que no exceda de unos minutos para que el mortero al secar tome fuerza y entonces se continúe con el proceso de pasar el molde repetitivamente hasta formar el cuerpo por completo.

Una vez hecho esto, se recomienda esperar al menos 24 horas para que el cuerpo de la moldura “raje” o “cuartee”. Hecho lo anterior se humedece la sección a trabajar, para que reciba adecuadamente el acabado fino y la textura lisa que le confiere belleza al elemento ornamental.

Foto: Maestro artesano aplicando pasta fina a una moldura curva, Centro Histórico, Mérida Yucatán. Fuente: Archivo personal del Ing. Magdiel Cen.

Cabe mencionar que en muchos casos las molduras no sólo cumplen una función decorativa, sino que rompen la tensión superficial del agua a través de goteros presentes en el perfil, dado que el agua no puede ascender porque el peso propio de la lluvia y la acción de la fuerza de la gravedad la atrae hacia abajo venciéndose el recorrido horizontal del agua ayudando así a las fachadas a combatir la humedad.

El mortero empleado para dar acabado final a las molduras consiste en mezclar cemento blanco y polvo de piedra cernido en proporciona 1:5. Este mortero se aplica con una consistencia de pasta, lo cual es fundamental para el manejo del molde y para conseguir la textura deseada en las molduras.

Se va aplicando dicha pasta sobre el cuerpo de tarraja y se va tallando con cuidado sobre el mismo buscando sellar adecuadamente las grietas o rajaduras del cuerpo de moldura y formar una capa de poco menos de 5 mm con una textura lisa y fina que debe quedar agradable a la vista. Habrá quien le pase una brocha de pelo de camello al acabado quedando la textura rugosa o rústica, pero se pueden lograr mejores resultados suprimiendo la presencia de polvo cernido en el mortero y aplicar únicamente la pasta de cemento blanco sobre el elemento.

B.- RECONSTRUCCIÓN DE MOLDURAS (Método moderno) (Unidad: ml).

Descripción:

Reconstrucción de molduras de perfil y sección diversas con réplica de la moldura en lámina galvanizada calibre 22 con refuerzo de Cimbraplay de 16 milímetros, corriendo sobre tubulares fijados al muro.  Incluye la aplicación por capas del acabado fino usando mortero de Cal química: polvo cernido, embonando el cuerpo de moldura si es necesario, andamiaje y limpieza del área de trabajo.

Ficha Técnica

Cantidad 1 ml

Procedimiento

El maestro tarrajero deberá de limpiar perfectamente la parte más conservada de la moldura a intervenir con la ayuda de una espátula pequeña, con un filo de segueta roto y afilado en el extremo o una cuchilla de ½”. Se retira la capa de pintura o recubrimiento hasta llegar al acabado original y el polvo se retira con una brocha de 3” para dejar completamente limpia la sección. Hay dos maneras de proceder para obtener el perfil de la moldura:

1.- Con una cantidad suficiente de plastilina que varía según el tamaño de la moldura en cuestión, se moldea el perfil fielmente buscando que la plastilina tenga el grosor suficiente para que al retirarla al cabo de unos minutos permanezca semirrígida y pueda transcribirse el perfil sobre un pedazo de cartulina o papel similar a fin de trabajar posteriormente en él. Para ello deberá aplastarse una cara del bloque de plastilina sobre una superficie plana a fin de tener una base de asiento del perfil y se pueda dibujar sin problemas.

2.- Usando un pliego de papel de mayor tamaño que la sección de la moldura a reproducir, que puede ser de cartulina o cartoncillo y una tijera común de mano o la tijera de hojalatero, se va recortando poco a poco el papel según el perfil adquiriendo éste la forma necesaria. Si se quiere se puede auxiliar con la ayuda de un bolígrafo o lápiz de punta fina, para ir marcando los detalles del perfil y recortar las partes más difíciles.

Cuando se ha obtenido el perfil de la moldura con todos sus detalles por cualquiera de estos dos métodos, se deberá realizar la corrección geométrica de los moldes y se procede a dibujar el perfil obtenido sobre la sección de hoja de lámina galvanizada bonderizada calibre 22, que resulta ser la ideal en cuanto a su flexibilidad y resistencia al uso rudo.

Toda vez dibujado el perfil sobre la lámina se procede al corte de la misma cuidando mucho de que éste se haga justo sobre el trazo, empleando una tijera de hojalatero y luego con la ayuda de una lima “cola de rata”, lima de “media caña” o mejor aún, una piedra “Norton”, se afina el corte buscando desbastar las virutas del metal y que el filo de la lámina quede un poco romo o redondeado para que al reproducir la moldura su textura sea adecuada.

Inmediatamente se procede a trazar el mismo perfil, pero sobre la sección de hoja de cimbra play de 16 milímetros que servirá de refuerzo a la lámina, cuidando de que éste sea menor al perfil de la lámina en el rango del medio centímetro (½ cm.), para que el residuo de material al correr la tarraja sobre los tubulares, se recoja en esa “ceja” de medio centímetro. Éste corte se hace con un arco de segueta, o para mejores resultados, con un serrucho o sierra caladora mediana.

Teniendo los dos cortes, se procede al armado de la tarraja, sobreponiendo al cimbraplay la lámina galvanizada y asegurando al perímetro con la ayuda de clavos de 1” a la separación que se considere necesaria para asegurar el molde.

Luego se le coloca una cruceta de madera en la parte inferior que servirá para que el molde corra sobre el tubular guía y para que el operativo pueda sujetarlo con facilidad. En la parte superior se coloca un clavo de 2½” de forma vertical u horizontal según se requiera, para que el molde corra sobre el tubular tope, aunque también se puede colocar otra cruceta de madera para tope de la tarraja.

Siempre se reproducen las molduras después de que el revoco se ha terminado. Si el revoco es bueno y está alineado, la colocación de los tubulares guía y tope será adecuada, para tal fin se aseguran con la ayuda de clavos de 5” previa corrida de los niveles con la ayuda del nivel de manguera y trazo de las medidas de la moldura según levantamiento original, considerando que el espacio donde la moldura irá se ha dejado sin revocar y considerando también el espacio que ocupan las crucetas que le permiten correr sobre los tubulares.

Comprobados los alíneos y niveles, se procede entonces a la elaboración de las molduras comenzando siempre para fines prácticos, con la principal o más elevada y continuando con las de niveles o alturas menores, pudiendo ser estas molduras secundarias, terciarias, de capelos o de rodapié. En el caso de los enmarcamientos con perfil diverso, es decir, no planos o rectangulares, se procede de igual forma para la elaboración del molde.

El cuerpo de la moldura se hace empleando un mortero de Cal química: polvo de piedra en proporción 1:1.  Dicho mortero se va incorporando con la ayuda de la cuchara de albañil por capas hasta alcanzar un espesor que permita realizar el entrañado con el empleo de “cuñas”, “lajas” o pedacería de piedra de hilada para dar volumen, restar material, pero sobre todo para conferirle mayor grado de resistencia al cuerpo de la moldura; cuando el material alcance el volumen necesario para que al pasar la tarraja sobre los tubulares empiece a quedar excedente, se esperará un breve lapso de tiempo, que no exceda de unos minutos para que el mortero al secar tome fuerza y entonces se continúe con el proceso de pasar el molde repetitivamente hasta formar el cuerpo por completo.

Una vez hecho esto, se recomienda esperar al menos 24 horas para que el cuerpo de la moldura “raje” o “cuartee”. Hecho lo anterior se humedece la sección a trabajar, para que reciba adecuadamente el acabado fino y la textura lisa que le confiere belleza al elemento ornamental.

Cabe mencionar que en muchos casos las molduras no sólo cumplen una función decorativa, sino que rompen la tensión superficial del agua a través de goteros presentes en el perfil, dado que el agua no puede ascender porque el peso propio de la lluvia y la acción de la fuerza de la gravedad la atrae hacia abajo venciéndose el recorrido horizontal del agua ayudando así a las fachadas a combatir la humedad.

El mortero empleado para dar acabado final a las molduras consiste en mezclar Cal química: polvo cernido en proporción 1:1. Este mortero se aplica con una consistencia de pasta, lo cual es fundamental para el manejo del molde y para conseguir la textura deseada en las molduras.

Se va aplicando dicha pasta sobre el cuerpo de tarraja y se va tallando con cuidado sobre el mismo buscando sellar adecuadamente las grietas o rajaduras del cuerpo de moldura y formar una capa de poco menos de 5 mm con una textura lisa y fina que debe quedar agradable a la vista. Habrá quien le pase una brocha de pelo de camello al acabado quedando la textura rugosa o rústica, pero se pueden lograr mejores resultados suprimiendo la presencia de polvo cernido en el mortero y aplicar únicamente la pasta de Cal química sobre el elemento.

Es cuanto por ahora y espero pronto continuar con el tema, un saludo afectuoso a todos.

Foto: Maestro artesano reproduciendo una moldura principal, Centro Histórico, Mérida Yucatán. Fuente: Archivo personal del Ing. Magdiel Cen.

  • Fotografía en portada: Reproducción de moldura en sección prefabricada, Mérida Yucatán. Fuente: archivo personal del Ing. Magdiel Cen, quien ejecuta.