“Quien no camina, no tropieza;

pero tampoco llega.”

— Refrán popular.

Hace unas semanas reflexionábamos, en clave nacional, sobre esa coreografía esquizofrénica donde los discursos oficiales pintan panoramas dorados mientras la realidad cotidiana avanza en cámara lenta, entre reformas diluidas y productividad bostezante.

Yucatán, hay que decirlo con orgullo templado, no baila esa pieza completa: aquí el estancamiento no luce igual que en otras latitudes, tiene acento tropical, ritmo de trova, jarana y de cuando en cuando, sabor a cochinita pibil recién sacada del pib.

Que nuestro baile sea más agradable no implica que deje de ser vals.  Recordemos que el vals se distingue por su compás de tres tiempos y su movimiento continuo de giro lento y acompasado.

Aunque parezca que vamos avanzando, apoyándonos en la solidez del sascab y confiando en que la foto de la inauguración sostendrá el peso de toda una economía, esto no es más que una ilusión que nos da una falsa sensación de progreso, cuando en realidad apenas estamos empezando.

ENTRE SASCAB Y HENEQUÉN

Yucatán vive una paradoja encantadora: presume índices de seguridad envidiables, un turismo que crece como buganvilia en pared soleada, y una clase empresarial pujante que ha sabido convertir el patrimonio en negocio, sin perder —casi del todo— el alma.

Pero bajo ese verde exuberante del henequén que en alguna época existió, hay grietas que la propaganda prefiere no fotografiar, veamos:

  • Va y Ven, el sistema de transporte metropolitano, opera bajo un esquema donde los concesionarios actuales protegen sus rutas de un nuevo concesionario externo, impuesto como una herencia que actúa coercitivamente. Mientras tanto, miles de yucatecos luchan por cumplir con sus horarios laborales en una ciudad cuya expansión supera el desarrollo peatonal.
  • El manto acuífero, ese tesoro invisible bajo nuestros pies, recibe cada día litros de indulgencia disfrazada de pozo de absorción, y nadie parece recordar que el agua, a diferencia de los políticos, no tiene periodo de gobierno.
  • Y la industria, aunque diversificada con maquila y logística, con energía cara, sigue dependiendo de decisiones tomadas en otras capitales, como un adolescente talentoso que todavía vive del domingo que le da papá, brillante pero tímido a la hora de generar su propia música industrial.

Lo curioso es que recibimos cada nuevo centro comercial con bombos y platillos, como si fuera una catedral, mientras que posponemos indefinidamente las reformas cruciales en transporte, agua, energía y ordenamiento territorial.  Estas cuatro áreas, aunque no generen votos inmediatos, son la base para mejores condiciones socioeconómicas y bienestar.

PLAZOS, NO PROMESAS

El problema, aquí como allá, es el mismo: el costo político de decidir hoy, algo que solo se agradecerá dentro de diez años, empero, Yucatán conserva una ventaja que pocas regiones del país sostienen: escala manejable, gobernabilidad razonable y una sociedad civil que, cuando se organiza, sabe exigir con altura, sin estridencia ni violencia.

Eso nos permite pensar en un desarrollo ordenado, con fechas y montos, no con buenos deseos ni discursos de aniversario, ni con la vieja costumbre de anunciar proyectos que nacen, crecen y mueren dentro del mismo boletín de prensa, de esa manera podemos establecer tres escenarios con montos estimados:

I. Corto plazo (2026-2028): Inversión de $1,800 MDP en saneamiento hídrico y reordenamiento del Va y Ven. Priorizar la sustitución progresiva de pozos de absorción en el anillo periférico de Mérida y despolitizar las concesiones de transporte con contratos medibles por desempeño, no por lealtad gremial ni compromiso electoral.

II. Mediano plazo (2028-2031): Invertir 4,200 MDP en electrificación e infraestructura logística, incluyendo corredores viales hacia Progreso y la consolidación de la Zona Industrial No Contaminante. También implementar un plan metropolitano de movilidad eléctrica para reducir la dependencia del transporte concesionado tradicional y priorizar al pasajero.

III. Largo plazo (2031-2036): Inversión de $7,500 MDP en parques tecnológicos y formación técnica con la UADY, el Tecnológico y otras instituciones superiores. Establecer un fondo estatal de innovación, independiente del sexenio, administrado por un consejo ciudadano con memoria institucional y autoridad moral para rechazar desvíos electorales del presupuesto hacia obras vistosas de corto plazo.

Ninguna de estas cifras son magia, son apenas la traducción numérica de una voluntad que decidiría por fin, construir ese rascacielos —en vez de soñarlo mientras nos mecemos plácidamente en una hamaca tocando la guitarra.

El pacto necesario aquí no es entre partidos, sino entre generaciones: la que paga hoy el costo político de decidir, y la que cosechará mañana el resultado tangible de esa decisión.

Yucatán cuenta con una base sólida de sascab, por eso resulta imperativo que, con un calendario y presupuesto definidos, procedamos a la construcción sobre dicha base, ya que como sostenemos siempre con firmeza: no se puede esperar crecer, si se invierte más tiempo en el discurso inaugural que en los cimientos reales.”

Recordemos con valentía y serenidad que incluso el reconocimiento tardío, tiene un valor considerable, aunque sea mucho después de haberse apagado las luces del evento inaugural, justamente cuando la obra haya alcanzado su autosostenibilidad.

Corolario:

“El paso firme construye el mañana.”

  • Fotografía en portada de Mike Tinnion a través de Unsplash.