El santo trío infernal: Lluvias, baches y moscos.
“La naturaleza no hace nada incompleto ni nada en vano”
—Aristóteles
Es de suma importancia iniciar el presente ensayo con la cita de Aristóteles, quien, de haber realizado una visita a Yucatán durante la temporada de lluvias, habría complementado su célebre afirmación aclarando que los baches y los mosquitos constituyen sus únicas excepciones.
Hay una triada cíclica tan perfecta como perversa. Comienza con una lluvia –inocente, tibia, casi poética– que en pocas horas se transforma en el catalizador de dos plagas gemelas: los baches eternos y los mosquitos armados hasta el aguijón.
Lo extraño no es que se presente, lo insólito es que, año tras año, administración tras administración, nadie aspire a resolverla, es como si hubiera un pacto tácito de no intervención entre el ciudadano, el político y el insecto.
El ciclo se retroalimenta con una elegancia diabólica: la lluvia golpea un pavimento ya herido por el olvido municipal, el agua se filtra y erosiona la base, formando un bache y esa oquedad, ahora pequeña laguna urbana, retiene agua estancada.
Una hembra de Aedes aegypti deposita sus huevos en el agua. En menos de una semana, emergen nuevos mosquitos que transmiten dengue, Zika o chikungunya, obligándonos a quedarnos en casa con ventanas cerradas, repelente y sin ganas de salir a exigir que reparen el bache.
El ciclo histórico se repite, retornando a su punto de partida: el bache se expande, la siguiente precipitación lo incrementa, lo que resulta en un aumento de la flota de mosquitos, mayor aislamiento, mayor abandono, mayores molestias y la reiteración de los mismos argumentos justificativos, caracterizados por el uso recurrente del término “atípicas”.
ANATOMÍA TÉCNICA DEL DESASTRE.
Hablemos con números y biología elementales para que nadie pueda decir que “es mala suerte”. Un bache de 10 cm de profundidad y 20 cm de diámetro acumula más de 300 ml de agua y con eso, una colonia de mosquitos puede producir 200 adultos por semana.
La hembra del Aedes no necesita un pantano, le basta una tapa de botella, un neumático viejo o el hueco que dejó una camioneta mal estacionada, en tanto que el asfalto cuando se agrieta expone la base de grava y tierra, que actúa como esponja.
En el argot de la salud pública, esto es un “vector de enfermedades perpetuado por infraestructura deficiente”, pero para un vecino enojado, es como si el gobierno les mandara dengue por mensaje de texto cada vez que llueve.
La triada se completa con un factor humano: la basura. Los residuos obstruyen drenajes, el agua se desborda, forma charcos enormes en las esquinas, y ahí el mosquito encuentra un resort de cinco estrellas.
Los ciudadanos, hartos de picaduras, tiran más basura en lugares insólitos, como un colchón en el camellón y esto contribuye a continuar abonando a una problemática de múltiples aristas con actores de facto, discursos fatuos y “selfies” ad hoc.
MEDIDAS PRÁCTICAS.
Uno no puede tapar todos los baches del municipio con su propio sueldo, pero sí puede hacer tres cosas antes de la próxima tormenta:
- Operación “busca y destruye”: Camina 50 metros a la redonda de tu casa. Voltea cualquier recipiente que acumule agua: tapas, macetas, botellas, la carretilla que usaste una vez en 2019. Si un objeto puede contener agua y no es un bebedero para perros, es un criadero clandestino.
- El balde de la vergüenza: Mezcla una cucharada de cloro por cada litro de agua estancada que no puedas eliminar (como el charco del bache enorme frente al Oxxo). Mata larvas en 24 horas sin dañar el ambiente si lo haces con moderación.
- Reporte viral: Toma foto del bache, súbela a redes con etiquetas a tu municipio y la ciudadanía en general. La presión social no llena el bache, pero al menos entretiene mientras te pican los tobillos.
Estas acciones son como poner un curita en una herida de bala, alivian, pero no curan.
Romper la triada “lluvia-bache-mosquito” exige atacar dos causas raíz: el diseño urbano miserable y la gestión de residuos tercermundista, pero con orgullo.
SOLUCIONES ESTRUCTURALES:
- Pavimento poroso y sistemas de drenaje pluvial que no colapsen con una tormenta de 20 minutos. Sí, cuesta. Pero menos que una epidemia de dengue (que en 2023 generó más de 3 millones de casos en América).
- Campañas permanentes de educación no paternalistas: explicar que la basura no “desaparece” con la lluvia, sino que se convierte en hotel cinco estrellas para mosquitos.
- Control biológico con Bacillus thuringiensis en criaderos masivos (una bacteria que se come las larvas y es inofensiva para humanos). Más efectivo que fumigar con veneno que mata hasta mariposas y abejas.
“El bache no es un error de construcción, es una decisión política,
así que no es válido ni aceptable que se diga que no se advirtió.”
— Alfonso A. González Fernández
Cada lluvia que empapa tu calle es también un examen de conciencia colectiva, por lo que reparar un bache hoy, es evitar una picadura mañana, así que decidámonos a romper el ciclo, o el ciclo nos romperá los glúteos a picotazos.
Este ensayo fue escrito durante un corte de luz provocado por una lluvia que dejó 15 baches nuevos en la avenida principal, me encuentro bien, aunque con dos ronchas en el brazo izquierdo que me han recomendado no rascar.
Corolario:
“Aguas, baches y mosquitos: trinidad letal.”
- Fotografía en portada de Acatinabox a través de Unsplash.